Perderse
Como el verano en la gran ciudad, como recién llegados.
Si te paras, te das cuenta de que perderse es una sensación primaria, bonita.
Cuando eras niño, el supermercado se convertía por un momento en un lugar sin salida. Aquel día te perdiste, quizás empeñado en ir a por ketchup que tu madre no quería comprar ni por asomo, o quizás, en busca de unas pilas para tu “Buzz lightyear” nuevo. De pronto, alguien te rescataba a gritos: tu adulto, tu responsable, tu familia.
Ahora ese papel ha quedado en tus manos, tú llevas la cesta, la cartera y la cabeza; lo pienso, y me hace gracia.
Supone que la vida es eso, un supermercado. Comienzas por perderte en él, y terminas por ser el gran guía. Sabes a ciegas dónde están el ketchup, las pilas y los condones.

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